Impulsado por la rabia, olvidándose por completo de Roberta y Fátima, subió las escaleras y golpeó la puerta con fuerza.
Silvia estaba desmaquillándose y aún no se había cambiado de ropa cuando escuchó los golpes.
"¿Quién podría ser a estas horas? ¿Daniel? Pero si acaba de irse..."
Miró por la mirilla y, para su sorpresa, era Carlos.
Silvia decidió ignorarlo y cerró la mirilla, pero los golpes se hicieron más fuertes. Finalmente abrió la puerta de golpe.
—Carlos, ¿estás loco? ¿Qué haces aquí a e