—Si la señorita Lima y las otras dos damas siguen esparciendo rumores y hablando tonterías, tendré que pedirles que se retiren.
—Nos vamos —respondió la señorita Lima con el rostro tenso, alejándose rápidamente.
Silvia mantuvo la cabeza baja. No sabía cómo enfrentar a Daniel ni cómo reaccionar ante lo que acababa de decir.
Miraba fijamente el borde de su vestido y la punta de sus zapatos, sin saber qué expresión adoptar.
—Casi tenemos otro incidente. ¿Estás bien? —preguntó Daniel con voz suave.