—Señorita Somoza, se ve hermosa hoy —elogió Martín con una mirada sin malicia, solo con pura admiración.
—Gracias.
—¡Señorita Somoza! ¡Suba al auto! —Martín le abrió caballerosamente la puerta trasera.
—¿Viniste a recogerme? —preguntó mientras caminaba.
Martín esperó a que se sentara dentro.
—Daniel me pidió que la recogiera. Jorge lo atrapó en una conversación y no pudo venir él mismo.
Cerró la puerta y se sentó en el asiento del conductor.
—Gracias —sonrió Silvia.
En el Hotel Perla, el salón d