Daniel la miró con ojos gélidos.
—No es asunto tuyo.
—Señor Caballero, solo quería ofrecerme amablemente a mostrarle el camino —replicó ella con expresión contrariada.
—No es necesario —Daniel siguió caminando sin detenerse.
Leticia observó cómo se alejaba, pataleando de rabia, pero aun así lo siguió.
—Señor Caballero, mañana es su cumpleaños. ¿Podría darme una invitación? —pestañeó, mirándolo con fingida inocencia.
Desafortunadamente, esta vez Daniel ni siquiera le dedicó una mirada y continuó