Era un mensaje anónimo con foto. Daniel no sabía quién lo había enviado ni con qué intención.
Pero había perturbado por completo su estado de ánimo. Nunca antes se había sentido tan inquieto por algo; aunque no lo demostraba, su interior era un completo caos.
Marcó el número y, después de dos tonos, alguien contestó riendo:
—¿Hola? Silvia no puede atender ahora, está abraz... perdón, he dicho demasiado. Llama más tarde.
*Clic*
La llamada se cortó. Leticia sonrió con malicia, borró el registro de