Daniel seguía respondiendo:
—Vivi, no es tarde. Mira, las he rescatado a ambas.
—Silvia, ¿estás a salvo? —preguntó Vivian sin motivo aparente.
Silvia también se quedó perpleja, pero asintió.
—Todas estamos a salvo.
—¡Bien! —Vivian no dijo más y tomó el tazón frente a ella, bebiendo la sopa sorbo a sorbo.
Daniel pareció perderse en sus pensamientos por un momento.
La noche avanzó. Daniel recogió todo y se marchó.
Vivian se durmió, pero Silvia no podía conciliar el sueño.
Pensaba en Daniel. Sin du