En la enfermería, Silvia tenía grandes quemaduras en las piernas, con la piel roja, hinchada y ampollada. También había marcas de quemaduras en sus brazos.
Vivian quería acompañarla, pero Daniel no se lo permitió y mandó que la llevaran a casa.
Mientras el médico trataba las heridas de Silvia, ella contuvo la respiración. El dolor era intenso.
No era solo dolor, sino una sensación ardiente, como si innumerables insectos recorrieran sus piernas y brazos, mordisqueando su piel.
En medio de ese dol