— No quiero ir al hospital, solo necesito tomar algo para el dolor —murmuró Silvia.
Daniel apretó con más fuerza el volante:— ¿Siempre te duele tanto?
—Normalmente no, pero hoy tomé una cerveza helada.
— ¿No lo recordabas? —la voz de Daniel sonaba algo sombría.
Silvia se quedó perpleja un momento:—Sí lo recordaba, pero me emocioné y se me olvidó.
El auto se detuvo frente al hospital. A medianoche no había filas para registrarse, solo médicos de urgencias y de guardia.
Afortunadamente, la doctora