Knut tomó a Astrid de la mano y la guió con delicadeza por las escaleras. Ella bajaba con lentitud, como si cada paso le costara un esfuerzo. Klas, que los observaba desde abajo, sintió una punzada de miedo en el pecho. ¿Qué le pasaba a su mamá? ¿Por qué su papá la trataba con tanta precaución? Sin pensarlo, echó a correr hacia ella, dispuesto a abrazarla y consolarla.
—¡Cuidado, Klas! —exclamó Knut, interponiéndose entre su hijo y su esposa. Lo cogió en brazos y lo alejó de ella—. No puedes es