Astrid y Knut entraron en su casa, todavía bajo el hechizo del beso que se habían dado antes. Él se dirigió a la cocina, con la intención de preparar algo de comer, mientras ella subía las escaleras, con el corazón latiendo fuerte. Se miraron con una sonrisa cómplice, como dos adolescentes enamorados.
Al llegar a su habitación, Astrid se acercó al espejo y se observó el rostro. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios rojos e hinchados. Se tocó la boca con la punta de los dedos, recordando