Knut sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando escuchó el golpe en la puerta de la habitación de entretenimiento. Era el gerente, con una expresión de terror en el rostro.
—Jefe, tenemos un problema grave —dijo, casi sin aliento.
—¿Qué ocurre? ¿No ves que estoy ocupado?
Knut intentaba disimular su angustia, pero por dentro estaba hecho un lío. Su esposa acababa de marcharse furiosa, después de una discusión acalorada. ¿Cómo iba a recuperarla? Astrid no parecía dispuesta a perdonarlo.
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