—Tía…
La señora Rosarina escupió con desprecio, pero Knut no se inmutó. Ya estaba acostumbrado de los desplantes de su tía.
—¿Cómo te atreves a cuestionarme así, mocoso insolente? —la vieja frunció el ceño—. No tienes nada que ver con mi sobrina amada y predilecta. Ella sí que es una joya.
—¿Tu sobrina amada y predilecta…?—Knut alzó las cejas con sorpresa.
La tía le lanzó una mirada furibunda y señaló con el mentón a una mujer que él no había notado al entrar, que estaba sirviendo a los cliente