Astrid no podía creer lo que veían sus ojos.
Su marido, el poderoso CEO de Energy Corporation, se había convertido en el rey de la pista de baile improvisada, dentro del baño. Con un ritmo frenético, movía la cadera al compás de la música.
Nunca había visto algo así. ¿Qué le había dado?
Él le había dicho que tenía una sorpresa para ella, algo divertido. Pero no se imaginaba que fuera a hacer un espectáculo tan ridículo.
Se quedó boquiabierta cuando Knut agarró su camisa por el cuello y la rasgó