No había hecho nada malo, solo se había puesto la ropa nueva de su suegro, que había sido soldado en su juventud. Pero eso bastó para que se sintiera avergonzado y humillado.
—Deja de lamentarte y come algo, anda —le dijo Knut con severidad.
Klas asintió con resignación y se llevó un bocado a la boca.
Knut observó a su mujer desde el otro lado de la mesa. Ella comía con elegancia y delicadeza, saboreando cada plato como si fuera una delicia. De vez en cuando, tomaba un sorbo de jugo de naranja,