Mafer despertó de un solo golpe al escuchar la detonación, saltó de la cama, se enredó con las sábanas del susto, y salió despavorida envuelta en una de ellas. Miró a Eduardo de rodillas en el piso, completamente pálido.
—¿Estás herido? —indagó Mafer corriendo al lado de él.
Entonces escuchó las carcajadas de su hermana, y miró como una lámpara se había hecho trizas en el piso.
—¡Te pasas! —recriminó Mafer a su hermana. —¿Por qué jugaste a lo de siempre con Eduardo? —reprochó, y luego inspe