Aquella confesión retumbó en la mente de Malú:
“Abel te empujó y perdiste a tu bebé” “Por culpa de Abel, no volverás a tener hijos”
Cada frase se incrustaba como estacas en su pecho, el dolor era profundo, que parecía quemarle el pecho, gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.
—Dime que no es verdad —balbuceó temblorosa mirando a Abel con los ojos cristalinos.
Abel inclinó la cabeza, él tenía el semblante lleno de palidez, la tristeza y el remordimiento parecían reflejados en su rostro