Abel antes de llevarla a la alcoba se inclinó ante ella, y le robó un dulce y cálido beso.
—Espera un momento —solicitó, ladeó los labios con esa expresión tan sensual que derretía a Malú.
Ella se limitó a asentir, y esperar.
Abel se movió con rapidez, Malú notó que sacaba algunas cosas de unas bolsas que no alcanzaba a distinguir y luego desapareció en la alcoba, al cabo de unos pocos minutos él volvió a aparecer, la expresión de su mirada parecía destilar fuego y eso encendió la piel de la