Malú parpadeó, el aroma a comida inundó sus fosas nasales, el estómago le rugió, entonces estiró sus brazos, y se desperezó. Notó que Abel ya no estaba a su lado, y cuando se disponía a salir de la cama, él apareció sosteniendo la bandeja con el desayuno.
—Buenos días, mi bella durmiente —dijo él.
Malú no puedo evitar sonreír al verlo, él tenía el cabello enmarañado, y a pesar de eso se veía atractivo, ella suspiró profundo.
—Hola, ¿cómo amaneciste? —cuestionó.
—Bastante mejor, el descanso