Días después.
Ambas parejas programaron una cita con Elsa, la amiga ginecóloga de Myriam, viajaron a Chicago, y se dirigieron a la clínica de fertilización.
—Buenos días, bienvenidos —saludó Elsa con ambas parejas—, tengo entendido que están aquí por un tratamiento de maternidad subrogada.
—Así es —respondió Mafer—, yo alquilaré mi vientre.
—Bien —contestó Elsa—, necesito que ambas parejas se realicen varios exámenes —indicó—, María Fernanda a ti debo hacerte varios estudios para constatar