Eduardo se aproximó a Mafer, la tomó de las manos.
—Estoy completamente seguro —expresó la miró a los ojos sin titubear.
El corazón de Malú, se agitó en el pecho, sonrió, y luego lo abrazó.
—Espero nunca te arrepientas de haberme escogido.
—Jamás lo haré —respondió él, entonces juntó sus labios a los de ella.
Sus lenguas hicieron contacto, Mafer tembló en los brazos de Eduardo, presa de esa cálida energía que la recorría, cada vez que estaba cerca de él, y podía percibir su aliento a menta