(Renata Pellegrini)
Lo observo con los ojos cerrados, miro su lengua trazar su labio inferior como si todavía estuviera saboreando algún tipo de sabor. Nuestras respiraciones son desiguales, nuestros senos suben y bajan rápidamente, cierro los ojos y con mis dedos temblorosos toco mis labios, aún sintiendo la presión que se hizo hace un momento con su boca. Todo mi cuerpo hormiguea por más.
Abro los ojos y me pierdo en la inmensidad de la mirada penetrante del señor Filippo, sin pestanear, sin