Lilly
Trabajar sentada gran parte del día iba a ocasionar que mi espalda quedara molida antes de llegar a los treinta años. Sin embargo, renunciar a mi puesto en el banco era lo último que deseaba. Este empleo apenas me permitía mantener a mi hijo y pagar las facturas y el alquiler, pero era algo seguro y estable.
Ahora más que nunca debía aferrarme a esto. Byron nunca más iba a volver. Ya habían pasado muchos meses desde que le envié esa carta y nunca la había respondido. O tal vez siguiera v