67. Solo te quiero a ti.

Él se debatía entre dejarla gemir así y taparle la boca para que no los escucharán, pero es que sus gemidos y todos los sonidos que salían de sus labios eran como auténtica música para los oídos de Marius, una erótica sinfonía que lo hacía embrutecer sus movimientos volviéndolos más animales e instintivos, alejando el raciocinio de sus pensamientos y dejando solo el placer animal, el instinto de posesión, la necesidad que los llenaba al uno del otro.

— Más te vale, porque mi corazón ya te perte
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