34. Marius no me hagas rogarte.
Noelia enloquecía con cada roce, con cada palabra que ese hombre le regalaba, su cuerpo parecía arder en cada una de las caricias de esos dedos, en la forma en que erizaba su piel al tocarla, con la boca, los labios, los dientes y la lengua que parecían querer devorarla, querer consumirla y rendirla ante sus atenciones.
Lava era lo que él hacía correr por las venas de la chica, podía sentir su sexo, palpitar de anticipación a lo que se imaginaba sería sentirlo dentro, en esos momentos a Noelia