Noemí estaba sentada en el banco que estaba en su jardín, con las lágrimas corriendo por sus mejillas. La cita había sido un desastre. El chico con el que había salido se había burlado de ella por jugar fútbol, diciendo que era un deporte para hombres y que no era “femenino”. Las palabras de él la habían herido profundamente.
Otniel, que había ido de visita, se acercó y se sentó a su lado. Había estado observando desde la ventana que conectaba con el jardín y sabía que algo no estaba bien.
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