Rebeca despertó.
El sol de la tarde se filtraba suavemente a través de las cortinas blancas en la habitación del hospital. El ambiente era tranquilo, solo interrumpido por el suave pitido de los monitores y el murmullo lejano del personal médico. Rebeca yacía en la cama, su rostro pálido pero sereno.
Después de días en cuidados intensivos, su cuerpo finalmente comenzaba a responder. Sentía dolor por todo su cuerpo y no podía moverse bien. Sus dedos se movieron ligeramente, y sus párpados temblaron antes de abr