Capítulo 48.
Levanté las manos procurando que la luz del móvil pudiera alumbrar mi camino hacia el oso.
Me equivoqué, conducir no fue la peor de mis ideas hoy.
-Te juro que no quiero hacerte daño. - Dije al animal rezando porque me entendiera y que no me convirtiera en su cena. - Quiero echar un vistazo y ver si te puedo liberar.
Él seguía gruñéndome.
Quizá yo me había vuelto inmune a los gruñidos debido a cierto lobo, o quizá solo estaba demente y por ese motivo creía que era prudente acercarme a un jod