Sospechas.
Era viernes y Andrew acababa de llegar del tribunal, contento por su último triunfo, cuando la dulce voz de su esposa sonó por el altavoz del teléfono de su escritorio.
Como cada vez que la escuchaba, se sentía confortado y calmado, pero sus palabras no generaron esa sensación esta vez.
—Tiene visita, señor —su tono era displicente, sin emoción.
Él miró el aparato, confundido y algo molesto a la vez. Ya estaba cansado de decirle a Valery que le llamara por su nombre, que tenía todo el derecho d