—¡Andrew! ¡Espera! —lo llamó, Valery, desesperada por alcanzarle, pero apenas podía caminar con los tacones y aún no se había recuperado del todo de la resaca, por lo que aún estaba algo débil.
Jadeante, pudo tirar de la manga de su camisa justo cuando entraban al elevador para dirigirse al estacionamiento subterráneo.
—¿Ahora quieres hablar conmigo? —preguntó, molesto, sin mirarla a los ojos.
Tenía tanta ira que se atrevía a golpear a cualquiera que se le pusiera enfrente, por lo que trató de