El olor a desinfectante era lo único que podía apreciar mientras esperaba en el pasillo a que la llamaran por su nombre. Estaba sola, al haber descartado la idea de acudir a su familia para que la apoyara, y que su esposo se negara a contestar todas sus llamadas.
De la puerta blanca, una enfermera salió y la invitó a pasar.
—Señora Davis, acompáñenos, por favor.
La clínica de maternidad estaba algo vacía por ser fin de semana, y aún así Valery sintió que los escasos visitantes que había, la