El regreso a Londres fue un viaje sombrío, envuelto en la bruma gris de la fatiga y el trauma residual. Los supervivientes del laboratorio de Tallin —dos hombres y una mujer— habían sido trasladados a una instalación médica especializada vinculada a Elara Finch, donde recibirían atención para los daños neurológicos infligidos por Aris. Eran las primeras víctimas confirmadas de una nueva y más terrible arma, y su silencio (por ahora) era parte del precio de la delicada operación.
Kieran Gray hab