—Hazlo después de Año Nuevo, o traerá mala suerte —añadió Gabriela.
—Está bien, lo haré —convino él, y Gabriela, tras asentir con la cabeza, se despidió levantando una mano para luego dirigirse hacia el interior del hospital.
En cuanto llegó al edificio VIP, alguien la llamó por detrás:
—Señora.
Gabriela se volteó con expresión fría. Era Laura, quien lucía distinta a como acostumbraba: si bien llevaba su característico abrigo de traje negro, la ropa que llevaba debajo se veía más refinada, y el