«No soportaría seguir viviendo…»
Esas palabras resonaron en Álvaro como una ventisca helada que desgarraba su corazón ya hecho trizas.
—¿Recuperar todo lo que le di? —repitió, mirando a la anciana que lloraba sin cesar—. Tal vez pueda recuperar mi dinero, pero… ¿cómo recupero mi corazón?
Carmen se estremeció, sintiendo que el mundo se le desmoronaba.
—La amo. La amo tanto que estoy perdiendo la razón —dijo Álvaro con la mirada fija—. Nada habría llegado a este extremo si me lo hubieran contado a