A lo lejos, el cielo empezó a encapotarse. Era típico del clima en las islas, inestable y cambiante. Sin previo aviso, un aguacero implacable se desató, obligando a la escasa gente que seguía en el cementerio a buscar refugio con prisa.
Álvaro contempló la fotografía de Colomba mientras las gotas empapaban la superficie. El agua desdibujaba aquella expresión amable, y por un segundo pareció que la imagen lloraba.
Con gesto impasible, apartó la mirada y emprendió camino de regreso.
La lluvia, en