Noelia se puso el abrigo y salió. Álvaro ya se había ido. El chofer, siempre respetuoso, le abrió la puerta del coche:
—Señorita Noelia, el señor Saavedra tiene una importante reunión internacional y ha regresado a la empresa. Me ha pedido que la lleve de vuelta a casa de manera segura.
Noelia forzó una sonrisa. Por dentro, estaba furiosa, pero se vio obligada a mantener su imagen dulce frente a los empleados de Álvaro.
Mientras iba a buscar su abrigo, aprovechó para usar otro número y contactar