—No siento nada. —La respuesta de Gabriela fue tajante.
La comisura de los labios de Iker se crispó.
—Tío Iker, mientras esto no haya terminado, olvídate de hacerte el inocente —dijo Gabriela, esbozando una leve sonrisa—. Y mucho menos de intentar fugarte.
La cabeza de Iker dio un respingo al asentir con nerviosismo.
Sin prestarle más atención, Gabriela dio media vuelta y salió a paso firme.
Al salir, se encontró con dos empleadas que habían servido en la familia García durante muchos años y que