—No…
—Tranquilo, que siga esperando —dijo finalmente Gabriela.
Colgó la llamada y volvió a sentarse, cruzando una pierna sobre la otra, con las manos descansando sobre la rodilla.
—Iker, todos sabemos cómo trataste a la señorita Gabriela. En este punto, deja de fingir orgullo y esperanza —le suplicó Soren con profundo pesar.
Era como si a Iker se le hubiesen agotado las fuerzas para pelear.
Se dejó caer en un sillón individual, con la mirada ida.
Gabriela no lo apuró; más bien, les indicó a Sore