Carmen observó a Álvaro con atención.
Se dio cuenta de que él realmente no podía dejar a Gabriela.
—Lo extraño es que tu abuelo… cuando tu madre murió, yo quería llevártelo, criarte, pero él… —Carmen dudó, como si las palabras se le quedaran atoradas.
Álvaro entendió perfectamente lo que no dijo.
Cuando su madre estuvo presa, él había estado en casa de los Rojo.
Era demasiado pequeño, y su memoria de aquellos días era borrosa. Lo cierto era que no ayudó a su madre a pedirle auxilio a sus abuelos