Capítulo 127
Gabriela sonrió ligeramente.

Todos ya estaban acostumbrados a que ella fuera tan atenta con Álvaro, pensaban que su temperamento había pasado, y que después de que él la consintiera, ya no había nada de qué preocuparse.

Cuando Gabriela llegó a la galería de arte, eran las dos y cincuenta de la tarde.

Al bajar del auto, vio a varias personas que le resultaban familiares.

Parecían las hijas de unos empresarios de una conocida marca de bebidas y de una importante cadena de turismo.

Miró hacia otro
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