Su cuerpo brillaba con las gotas de agua de su ducha, aún por limpiar mientras las grandes gotas rodaban por las grietas de sus músculos bien formados con cada gesto.
Olivia abrió la puerta y se sonrojó al verlo.
—Yo… voy a tomar una ducha…—
Apenas capaz de tartamudear una excusa coherente, se zambulló hacia el baño solo para que Max la atrajera de nuevo a los brazos con un fuerte tirón.
Perdiendo el equilibrio por su movimiento, Olivia cayó hacia la cama y él cayó encima de ella mientras permitía que su impulso lo derribara.
Olivia miró los ojos brillantes de Max, completamente sin palabras. Su deseo por ella ardía a tal punto que Olivia no sabía qué hacer. Después de una prolongada deliberación, recurrió a la misma excusa.
—Todavía no he tenido la oportunidad de tomar una ducha—.
—Eso está bien. Ya lo hice—, sonrió Max mientras sus ojos brillaban con picardía—. Estoy lo suficientemente limpio para los dos. ¿A menos que te importe?
Olivia no supo cómo responderle. Se encontró a sí mi