VALENTINA ROSS
Yo estaba acostada boca arriba en el colchón, mirando el techo espejado.
Lo había hecho. Abandoné mi escritorio en Beckett y crucé la ciudad como una adicta en busca de su dosis. Bastó un chasquido de dedos de Domenico para que tirara mi juicio por la ventana.
Me levanté a toda prisa, recogiendo mi ropa tirada por el piso.
— Necesito volver a la oficina — murmuré, poniéndome los zapatos.
Domenico se vistió con una calma que me daba envidia. Tomó las llaves del auto y abrió la pue