VALENTINA ROSS
Caminé despacio por el pasillo, rezando internamente para que Josh ya se hubiera ido a trabajar.
Pero, cuando empujé la puerta de nuestra habitación, ahí estaba él.
Josh estaba recargado en la cabecera de la cama, leyendo un libro. En cuanto escuchó que la puerta se abría, bajó el libro. Una sonrisa inmensa, cálida, acogedora y llena de amor iluminó su rostro.
— Hola, mi amor. Llegaste temprano — dijo, extendiéndome la mano.
Miré aquella sonrisa, la mano extendida que solo me ofr