DOMENICO BANE
El mensaje en la pantalla de mi celular hizo que la sangre me hirviera en las venas.
"No puedo ir al penthouse hoy, aunque Josh vaya a trabajar. Mi mamá se va a dar cuenta si salgo de madrugada. Nuestros encuentros nocturnos tendrán que ser interrumpidos."
Tiré el aparato con fuerza sobre mi escritorio. Estaba perdiendo la paciencia. Primero, tuve que soportar dividir el tiempo de mi mujer con la irritante rutina del doctorcito. Ahora, mi suegra se había instalado en su departamen