RUBI MONTENEGRO
A la mañana siguiente, me despertó una sensación suave y cálida en mi rostro. Abrí los ojos despacio, parpadeando contra la luz clara que entraba por la ventana, y encontré a Ares inclinado sobre mí. Estaba repartiendo besos por mi mejilla y mandíbula.
En cuanto se dio cuenta de que estaba despierta, esbozó una sonrisa de medio lado que hizo que mi corazón diera un vuelco indeseado. Ya estaba completamente vestido para el trabajo, oliendo a ese perfume amaderado y caro que domin