RUBI MONTENEGRO
Caminamos en silencio hasta el comedor. En cuanto llegamos a la mesa, fui directo a mi silla habitual, en el otro extremo, lo más lejos posible de su campo de visión. Pero antes de que pudiera seguir hacia mi lugar, Ares me sostuvo la mano.
— Siéntate a mi derecha a partir de ahora, por favor — pidió, jalando la silla junto a la suya.
Miré el asiento y me encogí de hombros. Para mí no hacía mucha diferencia de qué lado de la mesa estaría obligada a soportar su presencia. Me sent