RUBI MONTENEGRO
El despacho del doctor Sales estaba en el centro financiero, un lugar sobrio con muebles de cuero oscuro y olor a café fuerte. El abogado, un hombre de mediana edad con lentes de armazón grueso, me recibió con un apretón de manos firme.
— Señora Beckett, es un placer. Domenico me habló muy bien de usted.
— Gracias por recibirme tan rápido, doctor Sales. — Me senté frente a él y saqué el contrato de mi bolso. — Mi marido, Ares Beckett, alega que este documento me impide trabajar