ARES BECKETT
La mañana en Nueva York estaba gris, combinando perfectamente con mi humor mientras me alejaba de la mansión. Rubi todavía estaba envuelta en las sábanas, con el cabello esparcido por la almohada, durmiendo un sueño profundo digno para recuperarse de la noche anterior. La besé en la frente antes de salir, sintiendo una opresión en el pecho por ocultar ese pequeño trayecto. Algunas heridas necesitan ser cauterizadas para que no vuelvan a sangrar.
Observé la ciudad pasar por la venta