RUBI MONTENEGRO
Caminé por el salón abarrotado, sintiendo la mirada de admiración de todos. Era una sensación de poder, pero no aquel poder que veía en los negocios antes. Era el poder de ser yo misma.
— ¡Tina! — llamé, acercándome a donde mi mejor amiga estaba parada, observando el movimiento con emoción.
Ares, que venía justo detrás de mí aún con esa cara de pocos amigos por nuestra plática sobre los celos, se detuvo a mi lado.
— ¡Rubi, este evento está increíble! — exclamó Valentina, acercán