RUBI MONTENEGRO
OCHO MESES DESPUÉS...
Me miré en el espejo de cuerpo completo de nuestro clóset, ajustando los últimos detalles de mi vestido. Era una pieza de seda esmeralda, diseñada por mí, que abrazaba cada curva de mi cuerpo con una elegancia que nunca pensé que llegaría a poseer.
Ocho meses habían pasado desde que mi mundo casi se derrumba frente a nuestra mansión. Muchas cosas cambiaron. Ares estaba cien por ciento recuperado. El único recuerdo de aquel día era la cicatriz en su espalda