Paolo no se había sentido tan nervioso desde que estaba en la escuela. Ni siquiera cuando le tocó cerrar su primer trato importante, se había sentido así. Casi esperaba ponerse a hiperventilar en cualquier momento.
Tenía un discurso preparado para la ocasión, pero no era capaz de recordar cómo empezaba. Si no fuera porque estaba tan tenso, era muy probable que se hubiera reído de sí mismo.
Volvió a la realidad y sus ojos se encontraron con los de Loredana. Eso le dio el valor suficiente para